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En la siguiente entrada explicaré algo que está en todas las historias, pero que no se ve a simple vista.

Algo que está en nuestras historias, incluso aunque no pensemos en ello.

Pero es conveniente conocerlo para dominarlo mejor.

Me refiero a la supraidea, también conocida como argumento moral.

La supraidea es aquel mensaje simbólico, filosófico o moral que hay tras cualquier historia y que queda plasmado, principalmente, en cómo realizan las acciones los personajes, las consecuencias que tienen dichas acciones, cómo reaccionan ante esas consecuencias, de qué medios disponen, cómo los usan, etc.

En resumen: es lo que en las fábulas de toda la vida se ha dado en llamar moraleja.

THE FAIRY TALE by WALTHER FIRLE

Pintura “El Cuento de Hadas” de Walther Firle

Pero aquí voy a hablar de esa “moraleja” aplicada a historias más extensas y enfocadas a un público más adulto.

Veamos los puntos a tener en cuenta sobre la premisa:

1 – Subyace tras la historia.

Para que el argumento moral funcione lo mejor posible, lo idóneo es que no sea demasiado obvio ni que esté demasiado polarizado, pues la idea es narrar una historia de ficción, no hacer una arenga sociopolítica.

Porque, aunque cada artista es libre de hacer más o menos obvio el mensaje que quiere transmitir con sus historias, lo cierto es que cuanto más evidente es, a menor cantidad de público llega.

Pues las historias con este tipo de argumentos morales, sólo atraen a quienes ya son afines a la corriente de pensamiento que se está defendiendo.

A continuación planteo un ejemplo para clarificar lo que comento, partiendo de una sencilla premisa que es casi un cliché:

Unos mafiosos secuestran a la familia de nuestro protagonista, que es policía, y éste ha de salvarlos.

Hagamos que la supraidea sea obvia planteándola de la siguiente manera:

– “La gente que está del lado de la ley son buenas personas, mientras que las que están a lo otro lado son malas personas sin remedio, por lo que la fuerza bruta contra ellos está justificada.

Es probable que nos salga una película con un policía que será fuerte, buena persona, con una puntería infalible y una frase ingeniosa para cada momento.

En pocas palabras, tendremos un perfecto héroe de acción.

Por el otro lado habrá unos mafiosos que serán realmente tontos o malvados, o incluso las dos cosas a la vez.

O lo que es lo mismo, serán villanos de cartón piedra.

Este estilo de historias tienen su público y de hecho, vivieron su momento de gloria en los 80 con películas protagonizadas por hombres de acción como Chuck Norris o Charles Bronson.

DEATH WISH 3 with CHARLES BRONSON

Cartel de “Death Wish 3” (AKA “El Justiciero de la Noche” y “El Vengador Anónimo”) con Charles Bronson en el rol de tipo duro.

Pero nos interesa la supraidea.

Y en este caso fallaron bastante.

Pues hay básicamente dos tipos de consumidores de estos filmes:

a) Los que ya están convencidos desde el principio de que el “bien” puede usar la fuerza bruta contra el “mal” y, además, se sienten identificados con los protagonistas.

b) Los que no compartimos ese punto de vista, pero disfrutamos viendo esas películas por las situaciones absurdas y las escenas de acción. Vamos, que las vemos como un mero pasatiempo, cuando no en clave de humor.

Pasemos ahora al siguiente punto a tener en cuenta cuando nos pongamos con el argumento moral:

2 – No tiene nada que ver con la estructura de la historia.

Es un concepto completamente independiente. La supraidea no afecta a la estructura y ésta, a su vez, no afecta a la supraidea.

En este caso no hace falta explicar mucho, pero entrando en detalle, diré que da igual cuál sea el argumento moral de la historia, pues ello no implica que tengamos que dividir la trama en más o menos actos, ni que las escenas tengan que ser más rápidas ni las secuencias más breves o extensas, etc.

Todo eso tiene que ver con el estilo, lo cual es algo más técnico, y no con la ideología que haya detrás de la historia.

Por esta razón,  recomiendo no renegar de aquellos artistas que están alejados de nuestra forma de ver el mundo, siempre que dichos artistas ofrezcan una calidad técnica que desemaos aprender.

Su calidad no tiene nada que ver con su ideología.

Lo mismo sucede a la inversa: Seguramente hay obras mediocres y mal ejecutadas creadas por artistas afines a nuestra forma de pensar. De esos, poco podemos aprender. O podemos aprender lo que no hay que hacer.

Pero no nos detengamos aquí y continuemos con la siguiente cuestión importante sobre la supraidea:

3 – Afecta al argumento de forma directa.

Acabo de comentar que la supraidea no afecta a la estructura, pero sí afecta al argumento, entendiendo éste como el conjunto de hechos que se narran en una obra de ficción.

Especificando: La estructura es el orden de los hechos, mientras que el argumento son los hechos mismos.

Y el argumento se verá afectado porque dependiendo de la supraidea que vayamos a plasmar, las acciones tendrán unas consecuencias y las respuestas de los personajes a dichas consecuencias, serán diferentes.

De hecho, dos historias que partan de una premisa idéntica pero con diferentes supraideas, es muy probable que sigan caminos dispares.

Retomemos el ejemplo de la premisa ideada en el punto 1:

Unos mafiosos secuestran a la familia de nuestro protagonista, que es policía, y éste ha de salvarlos“.

Y recordemos la primera supraidea, que era bastante obvia y maniquea:

– “La gente que está del lado de la ley son buenas personas, mientras que las que están a lo otro lado son malas personas sin remedio, por lo que la fuerza bruta contra ellos está justificada“.

Ya vimos qué tipo de película podía salir de este planteamiento ideológico.

Ahora, para la misma premisa, propongamos otra supraidea completamente distinta:

– “Pertenecer a la mafia y estar contra la ley no es algo que suceda de forma fortuita, sino que se necesita un caldo de cultivo para ello“.

En este caso es probable que ni siquiera estemos ante una película de acción, aunque haya alguna escena puntual con tiroteos.

Quizá estemos ante un drama con tintes de denuncia social.

Porque lo que retrataremos será que los enemigos del policía protagonista son humanos también.

Podemos hacer que el mafioso jefe sí que sea un mero psicópata asesino sin más, pero sus aliados no.

Quizá ese jefe mafioso tenga un hermano al que no le gusta la delincuencia, pero no puede negarse porque el castigo sería el ostracismo o, en el peor de los casos, la muerte.

También tenemos la opción de hacer que otro de los enemigos fuera captado por la mafia porque, siendo un joven huérfano, se había convertido en el cabecilla de una banda de adolescentes maleantes. Sí, es un personaje malvado, pero él cree (y no le falta razón) que no le han dejado otro camino para poder vivir a todo lujo como esos famosos que salen por televisión, así que se mueve por envidia partiendo de una situación terrible, con lo que piensa que los actos de la mafia están justificados.

GOMORRA la serie

Cartel promocional de la serie italiana “Gomorra“, creada por Roberto Saviano y basada en su propia novela homónima.

Y podríamos crear más personajes que reforzaran nuestra supraidea.

De esta forma, planteamos el mensaje de manera que la historia gira en torno a cómo cada uno de esos personajes se ha convertido en criminal, pero sin caricaturizarlos, sino haciendo que incluso los espectadores puedan llegar a empatizar con alguno o algunos de ellos.

De hecho, de eso tratan historias como “El Padrino” o “Gomorra” (ver imagen al lado), en las que toda la crueldad retratada sobre los tejemanejes de la mafia no impide mostrar a los personajes como seres humanos.

Dicho lo anterior, prosigamos con los puntos a tener en cuenta sobre el argumento moral:

4 – Una historia extensa puede tener más de una supraidea.

Aunque hay autores como Chuck Palahniuk (escritor que saltó a la fama por la adaptación al cine de su novela “Fight Club” -conocida en español como “El Club de la Lucha” y también “El Club de la Pelea”) que, siguiendo las directrices de su mentor Tom Spanbauer, se centran en un único argumento moral para toda la historia, enfocándose en que todo lo que suceda a lo largo de esa narración esté orientado de una forma u otra con la supraidea escogida, esto no es obligatorio.

CHUCK PALAHNIUK by RODRIGO FERNÁNDEZ

Chuck Palahniuk en la Feria Internacional del Libro de Miami 2011. Fotogría de Rodrigo Fernández.

Si bien es cierto que el método enseñado por Spanbauer permite profundizar y exponer ese concepto desde todos los puntos de vista posibles, mientras que si intentamos abarcar varios conceptos a la vez, puede suceder que al final pasemos por encima de ellos de forma superflua.

Un sistema para aunar ambos métodos es procurar que los diferentes argumentos morales tengan ciertos nexos en común.

No obstante, tampoco es imprescindible ya que hasta en historias poco extensas como son las películas (incluso las novelas cortas tienen más extensión), pueden confluir varias supraideas de forma consistente, sin tener conexión entre ellas.

Retomemos nuevamente el ejemplo de la premisa ideada en el punto 1 (sé que me repito, pero así no tenéis que volver hacia atrás en el texto):

Unos mafiosos secuestran a la familia de nuestro protagonista, que es policía, y éste ha de salvarlos.

Y recordemos otra vez la primera supraidea:

– “La gente que está del lado de la ley son buenas personas, mientras que las que están a lo otro lado son malas personas sin remedio, por lo que la fuerza bruta contra ellos está justificada.

¿Por qué no mezclarla con otra supraidea? Por ejemplo:

– “La familia es lo más importante.”

En un principio, esta nueva supraidea que no tiene nada que ver con la supraidea anterior sobre la ley.

Y, a pesar de eso, pueden combinarse bien.

Observemos cómo:

Por un lado, tenemos un policía que hará lo que haga falta para salvar a su familia. Así pues, queda claro que para ese personaje la familia es lo más importante.

Por el otro, tenemos a unos villanos que pueden ser familia (algo clásico, pues el término familia es empleado para referirse a los miembros de la mafia por parte de los mismos) y, además, como buena familia, están unidos y se protegen entre ellos.

Este nuevo argumento moral podemos retratarlo de varias maneras y no se confrontará con el primero. Seguirá siendo una película de acción en la que el “bien” usa la fuerza bruta contra el “mal” y, además, se estarán inculcando unos obvios valores familiares.

¿Qué más se puede pedir? ¡Hubiera sido un éxito de la serie B de hace décadas! 😛

Pero no nos detengamos aquí, todavía quedan un par de puntos sobre el argumento moral:

5 – Una única supraidea en nuestra historia (sobre todo si ésta es extensa) suele implicar un planteamiento en profundidad y un acercamiento desde muchos puntos de vista diferentes.

Este es el motivo por el que Tom Spanbauer recomienda usar un sólo argumento moral por historia.

Pero esto, si queremos desarrollar algo más extenso que una película (por ejemplo una novela de varios cientos de páginas, una serie de tv, etc.), no es una tarea fácil, pues exige que el artista en cuestión esté abierto a ello, a experimentar y ver desde distintos ángulos una misma cuestión.

De lo contrario, puede caer en la reiteración.

Además, este sistema puede conllevar que nos veamos en la obligación de comprender y analizar posiciones morales opuestas a las propias, exigiéndonos la capacidad de crear personajes que difieran de nuestro punto de vista, haciendo que no sean meras caricaturas. Esto es: que no sean perversos malhechores, ni villanos malvados, ni estúpidos de carácter plano, etc.

Por otra parte, también puede conllevar que tengamos que observar nuestra propia postura ideológica desde fuera y comprobemos que tiene fallos, que no siempre se sostiene, que quizá es discutible, etc. y todo ello a través de personajes que sí coincidan con nuestra filosofía, pero que no sean perfectos y bondadosos, sino que tengan frustraciones, sean contradictorios, injustos, que incluso se codeen con la maldad… En definitiva: que alberguen defectos y recovecos oscuros.

De lo contrario, estaremos cayendo en el maniqueísmo, lo que nos lleva al primer punto explicado previamente: Si queremos que la supraidea de nuestra historia funcione, es mejor que no sea excesivamente obvia, ni esté muy polarizada.

Pues con ese tipo de posturas tan confrontadas de “mi pensamiento es correcto y el opuesto es incorrecto”, no sólo estaremos fallando como creadores de historias, al ser incapaces de mostrar diferentes puntos de vista sobre un mismo tema, sino que también nos estaremos engañando a nosotros mismos como personas.

Aunque cada uno es libre de escoger su forma de pensar y esto ya va más allá de la mera enseñanza narrativa a la que se dedica este blog.

Por lo que es mejor que dejemos las cuestiones trascendentales para otro momento y lugar, pues ya llegamos al último punto:

6 – La supraidea no tiene porqué ser ni farragosa ni compleja, puede ser un sencillo concepto que dé sentido a la historia más allá de lo que se ve.

En este caso, recurriré al ejemplo de “Alien“, película en la que la supraidea es tan simple como la violación. Sin más.

La obra, sin recurrir a un mensaje subyacente de párrafo y medio, logra su objetivo a través del aspecto del monstruo, sobre todo la forma de su cabeza y su boca rebosante de babas; de cómo ataca agazapado entre las sombras e invade el cuerpo de la víctima gestándose dentro; sin olvidar el hecho de que el único personaje que tiene el valor de plantarle cara al alienígena y salir vivo, es una mujer (víctima potencial de la violación masculina, aquí convertida en heroína frente a su acosador).

Todo ello da al conjunto una serie de connotaciones sexuales desagradables.

Y, gracias a esta supraidea, la historia cobra una dimensión que va más allá de la película de terror en el espacio.

Por eso (entre otras cosas) “Alien prevaleció frente a otras cintas de presupuesto similar y que partían de ideas parecidas, pero que carecían de trasfondo.

Veamos un par más de breves ejemplos (con películas de alienígenas, para seguir con la tónica, jeje):

ALIEN THE THING & PREDATOR

Carteles promocionales de “Alien” (1979), “The Thing” (1982) y “Predator” (1987). Tres películas que deben parte de su éxito a la doble lectura otorgada por supraideas sencillas, pero efectivas. De hecho, dichos mensajes incluso pueden intuirse en los carteles promocionales.

En “La Cosa” (también conocida como “La Cosa del otro Mundo” y “El Enigma de otro Mundo”), de John Carpenter, igual que en la cinta original de Howard Hawks, y el relato en el que se basan ambas “¿Quién anda ahí?” de John W. Campbell, la supraidea es “no puedes fiarte de nadie, pues incluso tras los amigos puede ocultarse un enemigo esperando atacarte”. Y esa tensión se respira a durante todo el largometraje.

Por su parte, “Depredador“, película hermanada (de forma poco satisfactoria, todo hay que decirlo) con “Alien“, tiene un argumento moral tan sencillo como “el cazador cazado”. Y queda patente en el momento en el que el monstruo sólo ataca a aquellos que van armados y pueden ser un trofeo digno.

Yo he expuesto varios ejemplos de referentes que me gustan, ahora vosotros podéis averiguar por vuestra cuenta las moralejas que se esconden detrás de vuestras historias favoritas.

A veces podemos sorprendernos del mensaje oculto que hay tras ciertas historias, pero que tras conocerlo, vemos que todo encaja.

Una forma de saber qué supraideas tienen algunas obras es buscando entrevistas a sus autores donde hablen del tema que hay tras la obra en cuestión.

Otra forma es a través de libros o documentales donde se desgrane el proceso creativo que se ha seguido para dar forma al argumento.

Aunque la más normal es que estudiando nuestros referentes acabemos por darnos cuenta de los argumentos morales que esconden, incluso aunque éstos sean menos obvios que las de los ejemplos citados.

Y hasta aquí los puntos a tener en cuenta sobre la supraidea a la hora de abordarla en nuestras propias historias, y los respectivos ejemplos que buscaban ilustrar dichos puntos.


Rápida recapitulación:

Para darle una mínima profundidad a nuestra historia, simplemente tenemos que pensar en la moraleja, mensaje simbólico o supraidea que queremos que el público capte de forma más o menos latente.

En ocasiones no es necesario complicarse mucho.

En otras, podemos hacer confluir varios conceptos.

Mientras que en otras, podemos desarrollar a fondo un solo concepto.

Sea como sea, esa supraidea ha de ser una especie de hilo conductor que sólo nosotros, como creadores de la historia, conocemos, pero que ha de dejarse entrever para que, como si del simbolismo de un sueño se tratase, al público le llegue un mensaje de forma indirecta que le haga sentir que la historia que le contamos, aunque pueda parecer otra historia más, en realidad tiene “algo” que la hace diferente.


Antes de concluir, os dejo el listado de los puntos sobre la supraidea que han sido explicados previamente, para que los tengáis a mano:

1 – Subyace tras la historia.

2 – No tiene nada que ver con la estructura de la historia.

3 – Afecta al argumento de forma directa.

4 – Una historia extensa puede tener más de una supraidea.

5 – Una única supraidea en nuestra historia (sobre todo si ésta es extensa) suele implicar un planteamiento en profundidad y un acercamiento desde muchos puntos de vista diferentes.

6 – La supraidea no tiene porqué ser ni farragosa ni compleja, puede ser un sencillo concepto que dé sentido a la historia más allá de lo que se ve.


Ahora sí, esta entrada ha llegado a su final.

Espero y deseo que os haya gustado y que sea de vuestra utilidad.

Gracias por leerme.

Hidalga Erenas
hidalga_erenas@hotmail.com


Hidalga Erenas (1981) estudió dirección y guión audiovisual.

Actualmente, además de conducir el blog Realidades AlterNarrativas donde expone teoría sobre la creación de ficción, imparte cursos de literatura y guión en Barcelona y área metropolitana, compaginando todo ello con la escritura y otros proyectos artísticos.

Consulta las clases particulares de escritura (presenciales en Barcelona, España; Vía Skype para el resto del mundo -en castellano) en Superprof


 

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