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En esta entrada voy a tratar un tema que parece trivial, pero no lo es: los nombres de nuestras creaciones.

Y digo que parece trivial pero no lo es, porque el hecho de preocuparnos en buscarle un nombre interesante a una creación nuestra implica que realmente la valoramos.

Y cuando hablo de “creaciones” me refiero a cualquier cosa que aparezca en nuestras historias que sea susceptible de tener un nombre propio, tales como: personajes, ciudades imaginarias, tecnología inventada, empresas ficticias, etc.

Hay varias formas de encontrarle nombre a nuestras creaciones.

Veamos algunas de ellas (si se os ocurre algún otro método o variante, comentádmelo, os lo agradecería y lo añadiría si lo considero apropiado):

1.1 – Usar referentes.
1.2 – Hacer juegos con el nombre o nombres de los referentes.
1.3 – Traducir o adaptar dichos referentes para españolizarlos.
1.4 – Buscar directamente referencias en el mundo hispanoparlante, o bien de idiomas romances, los cuales son más fáciles de españolizar.
1.5 – Usar referencias mitológicas.

2.1 – Usar palabras que tengan un significado acorde.
2.2 – Usar nombres propios que oculten un significado acorde.
2.3 – Usar palabras en lenguas muertas o exóticas
que tengan un significado acorde.
2.4 – Hacer juegos con una o varias de las opciones anteriores.

3.1 – Usar nombres de personas de nuestro entorno,
incluyéndonos a nosotros mismos.
3.2 –
Hacer juegos con los nombres de dichas personas.

4 – Usar nombres de animales u objetos.
(suelen servir como apodos, pero también definen al personaje).

5 – Idear nombres completamente inventados.
(normalmente usando varias de las técnicas anteriores).

Ahora que ya hemos listado algunas maneras de bautizar nuestras creaciones, entremos en detalle:

1.1 – Usar referentes.*
*NOTA: Para ahondar más en el tema, recomiendo leer:
LAS REFERENCIAS DE NUESTRAS CREACIONES

Este método es bastante habitual, porque suele surgir por intuición y, además, es fácil (o suele serlo).

Es tan sencillo como pensar en nuestras propias influencias y de ahí, sacar nombres para personajes, lugares, objetos inventados, etc.

A continuación veamos dos ejemplos muy dispares que usan el mismo referente para bautizar a sus personajes:

CONAN Y CONAN

A la izquiera Conan Edogawa, del manga “Detective Conan“, a la derecha Conan, personaje de espada y brujería creado por R.E. Howard.

El protagonista de “Detective Conan” (creado por Gosho Aoyama) en realidad se llama Shin’ichi Kudo. Pero cuando comienza la historia, unos villanos lo convierten en niño y se ve obligado a cambiar de personalidad, por lo que decide rebautizarse como Conan Edogawa inspirándose en dos de sus escritores de misterio favoritos: Arthur Conan Doyle y Ranpo Edogawa.

De este modo, el autor nos muestra deliberadamente sus principales referentes.

Pero antes ya existía otro personaje llamado Conan que, en este caso, no tiene nada de detectivesco.

Estoy hablando de Conan el bárbaro.

Robert Ervin Howard, el norteamericano creador del famoso bárbaro, era adepto de las aventuras más fantasiosas escritas por Arthur Conan Doyle, sobre todo las protagonizadas por el Profesor Challenger, como “El Mundo Perdido“.

De todas formas, aunque el cimmerio también vive aventuras fantasiosas, tanto él como su universo están bastante alejados de la obra del británico.

Pero para Howard, llamar a su personaje Conan fue todo un homenaje a uno de sus escritores más admirados.

Un caso muy extendido de este método para nombrar a personajes, lo hallamos en el cine de terror norteamericano, a través del uso del apellido “Loomis”:

El inicio de todo lo encontramos en la obra maestra de HitchcockPsicosis“, con Sam Loomis.

A partir de ahí, ese apellido se ha repetido en varias películas como “Halloween” de Carpenter, con el doctor Sam Loomis y en “Scream” de Craven, con Billy Loomis.

De hecho, la influencia de Hitchcock es tal, que en “Scream 4” hay un policía que se llama Anthony “Tony” Perkins, idéntico nombre que del actor que dio vida a Norman Bates, protagonista de la citada “Psicosis“.

Como comentaba previamente, poner nombre a partir de nuestras referencias no sólo es factible con personajes, sino con otras creaciones de nuestra historia, desde ciudades a pueblos imaginarios, pasando incluso por naves espaciales, como hicieron en la saga Alien:

NOSTROMO Y SULACO ALIEN JOSEPH CONRAD

1 – Consola de mandos de la nave Nostromo de “Alien: el octavo pasajero“. 2 – Réplica de la nave Sulaco, tal y como aparece en “Aliens: el regreso“. 3 – “Nostromo“, novela de Joseph Conrad que transcurre en Sulaco.

Ridley Scott es seguidor de Joseph Conrad y por eso, en “Alien“, la nave donde transcurre la acción tiene el nombre de una novela suya.

James Cameron, al hacer la secuela, siguió con ese homenaje y por eso llamó Sulaco a la nave que aparece en “Aliens“, puesto que Sulaco es el puerto imaginario en el que sucede la historia de la novela “Nostromo“.

Otro ejemplo, en este caso perteneciente al universo de Batman:

BATMAN ARKHAM ASYLUM

Imagen promocional del videojuego “Batman: Arkham Asylum“.

El famoso manicomio Arkham de Batman se llama así por el siniestro pueblo inventado por Howard Phillips Lovecraft, escritor conocido por crear ambientes terroríficos donde los personajes están al filo de la locura.

Hay que puntualizar que nuestra referencia no tiene porqué surgir de la ficción.

Como ya he comentado en otras ocasiones, nuestra idea puede estar influida por hechos o personajes históricos:

DRÁCULA Y VLAD TEPES

A la izquierda, la novela “Drácula” de Bram Stoker. A la derecha, el personaje histórico Vlad “Tepes” Drăculea.

Este es el caso de “Drácula” de Bram Stoker, donde el personaje villano que da nombre al libro, está basado en Vlad “Tepes” Drăculea. Y salvando que Tepes no era vampiro (aunque sí bastante sádico) incluso la descripción física que proporciona Stoker recuerda al noble rumano.

La referencia no tiene porqué quedarse en el terreno histórico, ya que puede ser un músico que nos guste, un científico que haya inspirado en parte el carácter de nuestro personaje, un pintor que nos haya marcado y al que queramos homenajear, etc.

Quizá queremos ponerle nombre a un personaje que es un corpulento y peligroso matón de barrio. Podemos escoger juntar el nombre y el apellido de dos boxeadores. Si el personaje es de un entorno anglosajón, podríamos llamarlo Mike Foreman (como Mike Tyson y George Foreman), si es hispanohablante, podría seguir llamándose Mike (Miguel de forma oficial), y de apellido Carrasco (como Pedro Carrasco), o buscar más nombres de boxeadores hispanos, como Óscar de la Hoya o Julio César Chávez.

Pasemos a las variantes:

1.2 – Hacer juegos con el nombre o nombres de los referentes.

La idea es simple: para que el nombre no sea idéntico al original, se hacen cambios, como puede ser trastocando las letras, hasta hacer que no sea tan obvio el vínculo.

Que Christopher Paolini, autor de la saga de fantasía épica “El Legado“, cite entre sus principales influencias a Tolkien, no es de extrañar. ¿Acaso el nombre Eragon, protagonista de sus libros, no recuerda a Aragorn, protagonista de “El Señor de los Anillos“?

Hay que señalar que, inventarse nombres o hacer alteraciones con ellos, en fantasía y ciencia ficción suele ser más fácil.

Pero también se puede hacer en otros géneros más realistas.

Y como ahora mismo no se me ocurre ningún ejemplo, me lo inventaré:

Pongamos que estamos escribiendo una novela sobre intrigas políticas y luchas de poder. Y aunque no es fantasía, entre nuestras  influencias está  “Juego de Tronos” de George R.R. Martin.

Y tenemos un personaje que es un señor ya de una edad que ostenta un importante cargo que le permite ir eliminando al resto de personajes de la trama. Y, además, luce barba y gorra de marinero. 😉

A ese personaje lo podríamos llamar Gregor Marty.

También podríamos usar los otros dos nombres del afamado escritor (R.R. = Raymond Richard), y llamar a nuestro personaje George Raymon, Richard Martin, o Rick Gregor “Ray” Marty, por decir algunos.

Como vemos, se trata de darle vueltas al cerebro hasta encontrar combinación que más nos guste, tanto por sonoridad como por concepto del personaje, lugar, etc. al que queramos dar nombre.

Pero hay que tener en cuenta una cosa: al ser hispanohablantes, nos enfrentamos a un reto mayor con los nombres que provengan de referencias extranjeras.

Nuevamente, la ciencia ficción y la fantasía son dos casos aparte, pues hay mayor tolerancia a los nombres exóticos que, precisamente, a los nombres autóctonos.

La comedia también es una caso aparte, porque también hay mayor aceptación con los nombres: mientras hagan reír, sirven.

Pero en los demás géneros no sucede así.

Ya que suele haber menor aceptación por parte del público, de nombres extranjeros, tanto para personajes como para ciudades y otras creaciones.

Lo que nos conduce a la siguiente variante del mismo método:

1.3 – Traducir o adaptar dichos referentes para españolizarlos.

La excepción viene dada por la ubicación de la historia.

Si la trama sucede en el Reino Unido, los nombres ingleses quedarán bien.

Pero si transcurre en Rusia, será chocante que los personajes o las ciudades tengan nombres anglosajones. Así pues, lo lógico sería buscar nombres eslavos.

Los nombres tienen que ser acordes al lugar en el que transcurre la trama.

Por ejemplo, sonaría raro que un detective de Buenos Aires o Madrid, por poner dos lugares donde se habla español, se llamara Doyle.

O que un pueblo imaginario situado en Colombia o Venezuela, se llamara Arkham.

Aunque si está bien justificado, no es imposible.

Quizá el detective, aunque ha nacido en un país hispanoparlante, es de ascendencia anglosajona.

Lo del pueblo, ya es más complicado justificarlo.

Pero no se trata de enrocarse en la idea de usar el nombre de nuestro referente (extranjero, se entiende) tal cual, pues tenemos la opción de traducirlo o adaptarlo para que suene más español (o al idioma del lugar donde transcurre la historia, la procedencia del personaje, etc.).

Por ejemplo, pongamos que a nuestro detective imaginario que queríamos llamar Doyle, podemos llamarlo Arturo, como traducción de Arthur. Y de apellidos Camacho Díaz. Así pues, sus siglas serían las mismas que Arthur Conan Doyle y el nombre no sonaría extraño a un lector español.

Y el siniestro pueblo imaginario, en principio no lo vamos a traducir como “arca del jamón” porque sonaría ridículo (esta es la demostración de que en inglés aceptamos mejor los nombres). Pero podemos jugar con la traducción y llamarlo Arcón. O unir villa más arca y llamarlo Villarca. O hacer otras combinaciones como Arcamo, Arcamón, Arqueja, Jamarca, etc.

Nuevamente, es darle vueltas a nuestra imaginación hasta dar con un nombre que nos guste y que sea aceptable para el público. Es decir: que ni esté fuera de contexto por sonar foráneo, ni parezca ridículo.

Y pasamos a la penúltima variante de esta primera opción:

1.4 – Buscar directamente referencias en el mundo hispanoparlante, o incluso de idiomas romances, los cuales son más fáciles de españolizar.

Siguiendo con el ejemplo detectivesco, no sería nada descabellado llamar Montalbán a un inspector, en homenaje a Manuel Vázquez Montalbán, creador de Pepe Carvalho.

De hecho, los italianos ya lo han hecho con el Comisario Montalbano (adaptando ligeramente el apellido Montalbán para que suene más italiano):

MONTALBÁN Y MONTALBANO

A la izquierda, la novela “Tatuaje” de la serie Carvalho, escrita por Manuel Vázquez Montalbán. A la derecha, la novela “El primer caso de Montalbano“, de Andrea Camilleri.

Veamos ahora el último punto de esta opción:

1.5 – Usar referencias mitológicas.

Podría haberlo incluido en el primer punto, pues no dejan de ser referencias.

Pero la mitología es muy amplia y se puede recurrir a ella a través de diccionarios y libros varios, cosa que no podemos hacer con nuestras propias influencias (aunque no estaría de más tener un listado de nuestros gustos, ya no sólo por la cuestión de buscar nombres, sino como herramienta de trabajo).

Hay que recordar que en los géneros más fantasiosos el público es más receptivo con los nombres exóticos, y en los géneros más realistas, lo es menos.

Pongamos que tenemos una historia de ciencia ficción con un personaje femenino con de gran carácter luchador, que incluso es una guerrera. Podríamos llamarla Artemisa, como la diosa griega de la caza.

Pero quizá en algo más costumbrista no acabaría de encajar un nombre así. En tal caso, podríamos llamar a nuestro personaje Diana, equivalente romana de Artemisa y nombre más común para el público hispanohablante.

Vayamos a un ejemplo televisivo:

DAPHNE Y NILES

A la izquierda Niles Crane –David Hyde Pierce– y a la derecha Daphne Moon –Jane Leeves-. Ambos, personajes de la serie “Frasier“.

Si tuviéramos que crear una historia de amor de un hombre que queda prendado de una mujer a la que, a priori, parece que no puede conseguir, un buen nombre para esa mujer podría ser Dafne.

El mito cuenta que Eros, como castigo, lanzó una flecha de oro a Apolo haciendo que se enamorara de Dafne, a la cual había lanzado previamente una flecha de plomo haciendo que sintiera rechazo por su nuevo pretendiente.

Y así hicieron en la comedia norteamericana “Frasier” con el personaje de Daphne Moon, que, aunque no sentía desprecio, no era consciente que el pobre del doctor Niles Crane la amaba con locura.

Por suerte para los seguidores de la serie, a diferencia del mito, el final de esta pareja televisiva no fue ni mucho menos trágico.

Prosigamos con los métodos para idear nombres.

Antes he hablado del profesor Challenger, protagonista de varias novelas de fantasía y ciencia ficción blanda escritas por Arthur Conan Doyle.

Challenger sería traducible por algo así como “desafiador” o “que busca retos” y, teniendo en cuenta el carácter lanzado y aguerrido del explorador, nos dice bastante de él.

Lo que nos lleva a la segunda opción:

2.1 – Usar palabras que tengan un significado acorde.

Es otro método habitual para bautizar nuestras creaciones, incluido personajes, que consiste en que el nombre sea una palabra con un significado (más o menos obvio) relacionado con algún rasgo de la creación o el personaje en cuestión.

En inglés hay bastantes casos, desde el personaje de acción llamado Max Payne (que suena igual que “Max Pain” o lo que es lo mismo “Máximo Dolor”), hasta la protagonista de la serie homónima Felicity (Felicidad), encontramos muchos ejemplos: Danger (Peligro); Goodwife (Buena esposa); Knight (Caballero); etc.

Seguro que si os paráis a pensar unos segundos, encontráis bastantes casos en los que el nombre y/o el apellido de un personaje significan algo concreto relacionado directamente con su forma de ser.

Pero, nuevamente nos encontramos con el inconveniente idiomático, ya que, como ha pasado con el caso de “Arkham“, quizá descubrimos que al traducirlos suenan absurdos.

Pero esto no tiene porqué suponer un problema, pues en español también hay palabras que son nombres propios o apellidos.

DOÑA BÁRBARA NOVELA

Portada de la novela “Doña Bárbara” de Rómulo Gallegos.

Por ejemplo, si tenemos un personaje que es una chica inocente, podríamos llamarla Blanca, Luz, Aurora, Alba o cualquier otro nombre que tenga relación con luminosidad.

Si tenemos a un hombre rudo, podemos ponerle de apellido Guerra, Armada, Macho, etc.

En la novela “Doña Bárbara“, escrita por Rómulo Gallegos, la antagonista que da nombre a la historia es una bella dueña de tierras que es ruda, salvaje y despiadada.

En pocas palabras: es una mujer bárbara.

De todas maneras, no es necesario acudir al significado puro y duro del nombre, a veces podemos acudir la asociación que se hace a esa palabra.

En ocasiones no queremos que el significado sea tan obvio.

Pero no es problema, pues en nuestro idioma hay muchos nombres que encierran un significado.

Y eso nos conduce al siguiente punto:

2.2 – Usar nombres propios que oculten un significado acorde.

Simplemente consiste en buscar nombres propios que debido a su etimología, tengan un concepto relacionado con algo del personaje que queremos bautizar.

Buceando en Internet podemos encontrar rápidamente varias páginas donde aparecen cientos de nombres propios, su origen y su significado, variantes de esos nombres y personas relevantes que se llaman así (quizá alguna coincide con algo del talante de nuestro personaje).

De hecho, incluso Wikipedia contiene entradas sobre algunos nombres propios e información que puede ser de interés.

Imaginemos que tenemos un personaje que se caracteriza por ser serio, u honesto. En ese caso podemos llamarle Ernesto, ya que ese es uno de los significados que tiene dicho nombre:

ERNESTO MDT

Ernesto –Juan Gea-, de la serie “El Ministerio del Tiempo” es misterioso, perfeccionista, se preocupa por los suyos… pero ante todo, destaca por su talante serio.

Además, los países hispanoparlantes son ricos culturalmente, lo que significa también lingüísticamente, ya que en muchos de ellos, el español convive con otros idiomas, lo cual es una baza a tener en cuenta.

Así pues, si una novela transcurre en España, un personaje puede tener nombre catalán, euskera o gallego, por ejemplo.

Por su parte, en latinoamérica también podemos hallar una gran diversidad de nombres gracias a las raíces precolombinas, habiendo casi una mina donde buscar.

Aparte de las lenguas actuales, tenemos a nuestra disposición las lenguas muertas, lo que nos lleva a la siguiente variante dentro del punto 2:

2.3 – Usar palabras en lenguas muertas o exóticas
que tengan un significado acorde.

La idea, con esta opción, es buscar un nombre o palabra con significado, pero en una lengua muerta.

Harry Potter es una buena obra a la que recurrir (diría que J.K Rowling usó todos los puntos aquí expuestos para dar nombre a su ingente cantidad de personajes).

Un ejemplo del uso de un término proveniente de una lengua muerta para bautizar a un personaje, lo tenemos en Ludovic “Ludo” Bagman. Ludo en latín significa “juego” así que no es raro que todo lo relacionado con este personaje tenga que ver con eso: fue jugador profesional de Quidditch, también jefe del Departamento de Deportes y Juegos Mágicos y, además, ama las apuestas.

Dicho esto, sigamos hasta el último punto de esta segunda opción:

2.4 – Hacer juegos con una o varias de las opciones anteriores.

Un claro ejemplo lo tenemos en NeoKeanu Reeves– de la saga “Matrix“, que significa “nuevo” en griego pero, a la vez, es un anagrama de “One” (“Uno”, que en inglés cuando se expresa como “the One” suele referirse al elegido).

Otro ejemplo muy conocido es Bart Simpson, de la famosa familia amarilla “Los Simpson“. Bart es un nombre normal, pero a la vez, si movemos las letras de sitio, nos da “brat” que en inglés significa mocoso.

Esto parece suscitar cierto interés en el público, hasta el punto de que en Wikipedia, al final de la entrada del término “anagrama” viene un listado de anagramas famosos.

Algunos están corroborados por sus autores, pero otros parecen ser causa de la casualidad y quizá el autor ni siquiera era consciente del posible doble significado si se movían las letras de sitio.

Los más llamativos son aquellos en los que es imposible que sea expresamente, como sucede con personas reales como Roldán-Ladrón, político español que irónicamente ha pasado a la historia por casos de corrupción.

Terminado el punto 2, pasemos al 3:

3.1 – Usar nombres de personas de nuestro entorno,
incluyéndonos a nosotros mismos.

Antes hemos hablado de “Los Simpson“. Pues salvando el caso de Bart, el resto de personajes de la televisiva familia se llaman como los familiares de su propio creador, Matt Groening, e incluso el jefe de policía Clancy Wiggum comparte el apellido de soltera de su madre: Margaret “Marge” Wiggum.

Nuevamente, puede suceder que no queramos que sea tan obvio. Y de eso trata la variación del punto 3:

3.2 – Hacer juegos con los nombres de dichas personas.

No creo que el parecido entre Luke y Lucas sea mera casualidad. Además, al comenzar la historia, el protagonista de la saga espacial “Star Wars” vive en un rancho, otra “casualidad” que comparte con su creador.

Otro caso, todavía más disimulado, lo encontramos en Terminator 2“, donde John Connor, además de compartir siglas con Jesucristo (Jesus Christ, en inglés), también las comparte con su creador, James Cameron. Podríamos pensar que es simple casualidad, si no fuera porque la madre de John Connor se llama Sarah y la madre de James Cameron, Shirley, volviendo a coincidir las siglas.

Sigamos con otros métodos:

4 – Usar nombres de animales* u objetos
(suelen servir como apodos, pero también definen al personaje).

*NOTA: Sobre este tema, puede interesarte leer la entrada:
RASGOS ANIMALES PARA NUESTROS PERSONAJES

A un personaje misterioso podemos ponerle de apodo “Serpiente”.

Si es muy fornido y tiene arrebatos de cólera, su sobrenombre puede ser “Volcán”.

O un malo muy peligroso y con una dentadura que de miedo, podría llamarse “Tiburón”, si no fuera porque ya hay un personaje así en las películas de James Bond (al menos en la traducción de España):

TIBURÓN JAMES BOND

Richard Kiel en la imagen, interpretando a Jaws (“mandíbulas”, también traducido en España como “tiburón”).

Pero aunque digo que suelen servir como apodos, hay nombres propios como León, que pueden servirnos para un personaje duro, valiente, aguerrido.

O apellidos que son objetos y animales que también pueden sernos útiles.

Un ejemplo lo tenemos en la ficción española “Los Serrano“:

LOS SERRANO

Foto promocional de “Los Serrano“.

El apellido Serrano recuerda directamente al jamón, un producto típicamente español, como la familia a la que da nombre.

En cuanto a maquinarias, lugares, empresas ficticias y otras creaciones, es bastante más fácil usar un nombre que sea un objeto o un animal.

Umbrella (“paraguas”) es el nombre que recibe en la franquicia “Resident Evil“, la misteriosa empresa que está detrás de extraños experimentos:

UMBRELLA CORP

Imagen de la Corporación Umbrella.

Hay que puntualizar que, en el caso de maquinarias, empresas y otras invenciones, incluso en castellano puede ser factible usar nombres extranjeros, ya que son fácilmente justificables sin muchos problemas. De hecho, a diario estamos rodeados de marcas con nombres anglosajones.

Pero como he comentado previamente en esta entrada, para pueblos, ciudades, barrios y similares, sería preferible acudir a términos de nuestra propia cultura.

El barrio ficticio en el que transcurría la comedia española “Aída” se llamaba Esperanza Sur:

AÍDA

Fotograma de un momento de rodaje de “Aída“.

Esperanza Sur un nombre sugerente, ya que se trata de una zona pobre del extrarradio donde quizá lo último que les queda a sus vecinos es lo último que se pierde: la esperanza y, además, está al sur que, nos guste o no, tanto en España como en gran parte del mundo, se asocia en cierta forma a la pobreza.

Y con esto, pasamos ya al último método para bautizar nuestras creaciones:

5 – Idear nombres completamente inventados
(normalmente usando varias de las técnicas anteriores).

Usando una combinación de las técnicas anteriormente mencionadas, podemos llegar a crear nombres totalmente inventados.

Este sería el caso del ficticio grimorio Necronomicón, el libro más famoso de los Mitos de Cthulhu, obra del estadounidense H.P. Lovecraft.

Necronomicón sería un término inventado a partir de las palabras griegas nekros (muerto) + nomos (ley) + ico (sufijo para formar palabras) que vendría a significar “Relativo a la ley de los Muertos”. Lovecraft, además, añadiendo la letra “n” al final del nombre, buscó incluir el término “icon” que significa imagen en latín.

Algo similar sería la invención del término “Cronocrímenes” que da nombre a la película de Nacho Vigalondo.

Este ejemplo no es tan críptico, porque para comenzar ha escogido dos términos de nuestro propio idioma.

Por un lado “crímenes” y por el otro “cronos”, de cronológico o tiempo.

Luego los ha unido en una sola palabra para crear un nuevo término.

Este nuevo término, además, explica perfectamente de qué va la película: asesinatos y viajes en el tiempo.

Otro ejemplo de creación de un nombre inventado, otra vez de la mano de Lovecraft, lo hallamos en personaje del árabe loco llamado Abdul Alhazred, el apellido del cual no es más que un juego de palabras de “All has read” (aproximadamente “Lo ha leído todo”), que era un apodo del propio Lovecraft, aficionado desde la infancia a leer todo lo que caía en sus manos.

En otras ocasiones encontramos simplemente peculiaridades escogidas por el autor a la hora de dar un nombre a sus creaciones.

Sería el caso del autor de cómics Stan Lee, quien casi siempre ha bautizado a sus personajes con las dos iniciales iguales: Peter Parker, Loki Laufeyson, Matt MurdockStephen Strange, Dum Dum Dugan, Fantastic Four, Doctor Doom, Curtis Connors, Bruce Banner, Scott Summers, Susan Storm, Reed Richards, Otto Octavius, Green Goblin, Silver Surfer, Warren Worthington, Pepper Potts, Fin Fang Foom, Happy Hogan y J. Jonah Jameson, entre otros.

Y con esto, concluimos los métodos para bautizar nuestras creaciones.

Podéis buscar en Internet páginas de nombres, donde hay miles, con su significado, cómo se dicen en otros idiomas, etc.

La más seria que yo he encontrado, puesto que abarca muchos idiomas e incluso tiene apartados para nombres mitológicos, medievales y demás, es Behind the Name.

Si conocéis otra página similar, decídmelo y la enlazaré en esta entrada.

Como veis, he puesto todas las maneras que se me han ocurrido para idear nombres con un mínimo de significado, por eso mismo he obviado técnicas como ir a un libro de nombres y escoger al azar.

No creo que escoger aleatoriamente un nombre sea una forma muy acertada, ya que puede que el significado no sea acorde al personaje o a la obra.

Quizá tenemos a un magnate de los negocios, grandilocuente, déspota y manirroto, y resulta que con este sistema tan azaroso, hacemos que se llame Pablo, que significa pequeño, humilde. Si la historia no es una comedia, o buscamos algún tipo de fina ironía, el nombre del personaje y el propio personaje, no acaban de coincidir.

Antes de terminar, señalar que si se os ocurre alguna otra forma de bautizar a nuestras creaciones, sería un placer que la compartierais con otros lectores del blog, bien comentando aquí mismo, en la página de facebook de Realidades AlterNarrativas, o enviándome un correo electrónico a hidalga_erenas@hotmail.com.

Ahora sí, hemos llegado al final.

Espero que os haya sido de utilidad.

Gracias por leerme.

Hidalga Erenas
hidalga_erenas@hotmail.com


Hidalga Erenas (1981) estudió dirección y guión audiovisual.

Actualmente, además de conducir el blog Realidades AlterNarrativas donde expone teoría sobre la creación de ficción, imparte cursos de literatura y guión en Barcelona y área metropolitana, compaginando todo ello con la escritura y otros proyectos artísticos.

Consulta las clases particulares de escritura (presenciales en Barcelona, España; Vía Skype para el resto del mundo -en castellano) en Superprof


 

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