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Los dragones (del griego δρακων, drakon, “víbora” o “serpiente”) y, por asociación, las serpientes y reptiles, están en el inconsciente colectivo del ser humano desde el principio de los tiempos.


Debido a que los dragones y las serpientes tienen muchos aspectos de los que hablar, en esta entrada sólo trataré la lucha entre el héroe y el monstruo mitológico.

En futuras entradas trataré otras variantes del dragón y las serpientes.

Dicho esto, comencemos:

El primer enfrentamiento del que tenemos constancia, entre el héroe y el dragón, lo encontramos relatado en el poema babilónico Enûma Elish, donde Marduk pelea contra la monstruosa Tiamat.

MARDUK CONTRA TIAMAT

Bajorrelieve de la lucha entre Tiamat (que representa al Caos) y Marduk (que representa al Sol).

En la mitología mesopotámica, Tiamat es la encarnación del agua marina y representa a la antigua madre de los dioses, convertida en monstruo del Caos que, acompañada por una multitud de retoños demoníacos, entre ellos su hijo y amante Kingu, busca vengar la muerte de su marido Apsu (encarnación de las aguas profundas) a manos de otros dioses.

Por su parte, Marduk es el dios solar escogido para luchar contra ella a cambio de convertirse en el príncipe del panteón, si logra vencerla.

Así pues, la lucha se lleva a cabo y, como era de esperar, el héroe vence a la bestia, de la cual, una vez muerta, se crean el cielo y la tierra y de sus lágrimas, se originan los ríos Tigris y Éufrates.

Como vemos, es la clásica lucha entre el bien y el mal.

Según Erich Fromm, esta lucha representaría el cambio de un matriarcado a un patriarcado.

Y es bastante plausible.

Pero en esta entrada buscamos instruirnos en crear ficción, por lo que voy a analizarlo en un sentido más arquetípico, basándome en los estudios de Joseph Campbell.

Veamos:

Primero, Tiamat no es una simple bestia que ansía destruir y matar porque sí, sino que tiene una motivación, lo que significa que no es intrínsecamente maligna.

Asimismo, Tiamat aunque sea monstruosa, no deja de ser una madre y, de hecho, es una diosa mucho más antigua que los dioses contra los que rivaliza, muchos de ellos, directa o indirectamente, descendientes suyos, incluido el propio Marduk.

Lo que encontramos es la lucha del héroe contra la mala madre, a la cual ha de vencer y asimilar, sacando lo positivo de ella, para poder ser independiente y estar completo, y ahí es cuando se convierte en dios supremo.

Hay que entender que los mitos son metáforas y eso no significa que nadie tenga que matar a su madre, aunque haya tenido comportamientos negativos hacia sus hijos, como quizá haber sido excesivamente estricta, agresiva, sobreprotectora (y, por lo tanto, insanamente controladora) o, por el contrario, haber mostrado desdén, entre otras actitudes.

Que Tiamat sea progenitora y tenga una motivación, explica porqué, cuando es derrotada, de ella surjan el cielo, la tierra y los dos ríos más importantes para la civilización que ideó este mito. De su muerte surgen cosas buenas.

La lucha que lleva a cabo el héroe en las leyendas, es una lucha que en la realidad suele llevarse dentro de cada uno, y esos monstruos (sean malas madres, malos padres, nuestros miedos o aquellos aspectos negativos que vemos en los demás, pero no en nosotros mismos, etc.) los hemos de derrotar en nosotros mismos sin llegar a destruirlos por completo, sino, como sucede en el mito, integrándolos, consiguiendo sacar de la derrota de esos “monstruos” algo de provecho, una lección, un acto de superación o una nueva forma de ver y enfocar la vida.

Pero prosigamos con el análisis.

Esta mitológica lucha también representaría la transferencia de poder de la vieja generación (Tiamat) a la nueva (Marduk) en un sentido psicológico.

Pero, en este caso concreto, también en un sentido histórico, ya que la leyenda mesopotámica sirvió para reorganizar la jerarquía religiosa heredada de los sumerios, añadiendo sus propias divinidades, que fueron las que acabaron prevaleciendo a nivel social, encabezadas por Marduk, que hasta ese momento había sido solamente un dios local.

Adicionalmente, el mito continúa después del combate y nos cuenta que Marduk, con la sangre de Kingu crea a los humanos.

De esta forma, la fábula coloca a la humanidad por encima de los demás animales que hay en la tierra, por haber sido creada por el dios de dioses. Pero también deja claro que es imperfecta, pues está hecha a partir de la sangre de un demonio (y seguramente de esta forma, además, se justifica la violencia innata en el hombre).

Y el mito del héroe que lucha contra el dragón, como mito que es, ha ido repitiéndose a lo largo de la historia de la humanidad, con variaciones, adquiriendo diferentes simbolismos, funciones y significados.

Observemos ahora el mito griego de la lucha de Zeus contra el monstruo serpentino Tifón, posterior a la leyenda mesopotámica, con la que, a pesar de tener ciertas diferencias, también comparte unos cuántos puntos en común:

ZEUS CONTRA TIFÓN

Mural que escenifica la lucha entre Zeus y Tifón.

En el caso del mito griego, el monstruo, Tifón, ya no es ni madre ni hembra, sino masculino.

Pero sigue habiendo ciertos paralelismos:

Cuando Tifón es derrotado, también es confinado al interior de la tierra, pero en este caso no origina nada bueno de él, sino que es el causante de los terremotos y las erupciones volcánicas.

Obviamente es una explicación para esos fenómenos naturales.

Pero a nivel psicológico, es probable que también lo sea para ciertas conductas humanas nocivas, como la rabia o la ira, que hay que someter o controlar, sabiendo que siempre van a estar ahí y que, como los terremotos y los volcanes, pueden surgir con fuerza en cualquier momento.

Y si ahondamos un poco más en la leyenda, encontramos que, nuevamente, el monstruo vuelve a tener una causa para ser malvado:

Zeus derrotó a los Titanes, hijos de Gea (madre tierra) y el Tártaro (el inframundo), hermanos de Tifón (el último hijo que salió de ese enlace). Eso enfadó a Gea que, según algunas versiones, incitó a Tifón para acabar con Zeus y arrebatarle así con el control del Olimpo.

Y encontramos que se repite la motivación del dragón: la venganza por un acto (más o menos justificado) contra él o un allegado, llevado a cabo por el héroe o bien por algún aliado suyo.

Asimismo, otra vez en la lucha entre el bien y el mal, hallamos igualmente la guerra por el poder pero, a diferencia del mito de Marduk contra Tiamat que consiste en heredarlo por parte de la nueva generación, aquí se trata de mantener ese poder por parte de la nueva generación (Zeus), frente a su nuevo enemigo (Tifón), que representa a la antigua generación de dioses.

De hecho, se repite el caso de que Zeus, como Marduk, tiene vinculación familiar con sus enemigos, ya que como Tifón, él también es descendiente de Gea (concretamente, su nieto).

Por decirlo de alguna forma, el mito griego sería la continuación natural de la batalla descrita en el mito mesopotámico, ya que ahora el héroe sustenta el mando del panteón y ha de conservarlo frente a la amenaza de los antiguos dirigentes (o descendientes de estos) que, como es lógico, están resentidos por haber perdido ese mando.

Lo que nos enseñan, pues, ambos mitos de forma conjunta es que, primero, para poder conseguir el control de nuestra vida hemos de derrotar a nuestros monstruos familiares (de una forma u otra, todo lo que está dentro nuestro, es familiar), pero que la lucha no finaliza ahí, sino que siempre hemos de estar prevenidos, porque esos monstruos no morirán nunca y se regenerarán, siempre esperando para volver a hacerse con el control.

Así pues, la lección es que hemos de aprender a luchar contra esos dragones y estar preparados para cuando vuelvan a aparecer, y ser capaces de someterlos todas las veces que hagan falta.

Ahora demos un salto a la Edad Media y examinemos la leyenda de San Jorge contra el dragón, bastante conocida en varios países de Europa y de gran relevancia en Cataluña (España), con la festividad de Sant Jordi, que se celebra el 23 de Abril:

SAN JORGE CONTRA EL DRAGÓN - RAFAEL

Cuadro de San Jorge realizado por Rafael, que retrata la lucha del caballero contra el dragón mientras la doncella contempla la escena.

Este relato, recogido en “La Leyenda Dorada” (y donde quizá tenga su procedencia), parece haber sido el origen de un gran número de cuentos de hadas sobre doncellas, caballeros y dragones.

La narración cuenta, de forma resumida, que en un pueblo había un dragón que exigía el sacrificio de una doncella cada cierto tiempo. Un día le tocó a una princesa y su padre, rey del pueblo, no pudo hacer nada para evitarlo ya que los demás habitantes consideraban que así había de ser.

Y cuando llevaron a la princesa donde habitaba el dragón, apareció montado a lomos de un caballo blanco, un caballero cristiano llamado Jorge, el cual, con su destreza, dio muerte al dragón.

Adicionalmente, existen algunas variaciones en esta leyenda. Una de ellas, bastante interesante y que tiene mucho peso en la tradición catalana de Sant Jordies la que relata que de la sangre de la bestia, una vez fallecida, nacieron rosas, y que Jorge cogió una de estas rosas y se la regaló a la princesa.

Lo que sí se mantiene, con y sin rosas, es que la princesa y Jorge acabaron casándose.

Y que, una vez derrotado el monstruo, los habitantes del pueblo se convirtieron al cristianismo.

Como vemos, algunas cuestiones coinciden con los otros mitos:

Por ejemplo, que el dragón represente un símbolo del paganismo, incluso una supuesta encarnación de Satanás y que, al ser vencido, los habitantes del pueblo que estaban sometidos a él, se conviertan al cristianismo, no es más que otra forma de explicar, como en el mito mesopotámico, un cambio de poderes a nivel social y religioso.

Pero aquí la bestia ya no tiene una causa: hace daño porque sí, porque es un dragón. Ni siquiera se explica porqué devora a doncellas.

De todas formas, la figura arquetípica del dragón, aunque no esté justificada su maldad, sigue representando a la sombra del héroe, a ese enemigo interno, parte inconsciente, que ha de derrotar si quiere superarse, si quiere seguir adelante y convertirse verdaderamente en héroe.

Por otro lado, que su sangre se transforme en rosas es nuevamente una forma de explicar que si se derrotan nuestros monstruos internos, o los sometemos, sacaremos algo de provecho.

La sangre de la bestia es muy simbólica, pues a lo largo de mitos, leyendas y obras de ficción, se ha atribuido a la sangre de los dragones características especiales. Como por ejemplo en el mito nórdico de Sigfrido, quien se baña en la sangre de un dragón derrotado por él mismo, para ser invencible.

Respecto a la princesa que ha de salvar Jorge, sí que es un nuevo elemento en el mito.

Jung nos dice que representa al ánima (la parte femenina latente dentro de todo hombre -y su opuesto sería el ánimus, la parte masculina latente dentro de toda mujer).

Eso significa que el héroe consigue aunarse con su parte femenina una vez derrota y somete a su parte inconsciente negativa, su sombra, el dragón.

Y ahora llegamos al último ejemplo que vamos a estudiar.

El escogido esAlien“, un ejemplo cinematográfico que va a permitir contrastar los mitos anteriormente citados para que sea posible ver que son extrapolables a la ficción:

RIPLEY CONTRA LA REINA ALIEN

Aquí vemos un fotograma de “Aliens: el regreso” (1986 – James Cameron), donde Ripley (Sigourney Weaver) se enfrenta cara a cara contra la reina Alien.

En este caso, encontramos una variante significativa de la lucha mitológica contra el dragón: ahora el protagonista ya no es un héroe, sino una heroína.

Y el dragón es un ser extraterrestre, pero a efectos prácticos, no es diferente de los monstruos mitológicos, en cuanto a que es un ser sobrenatural al cual hay que derrotar.

Y como comprobaremos a continuación, el arquetipo sigue siendo el mismo y sus funciones similares:

Si el héroe mitológico ha de superar someter a su sombra para derrotar a la bestia, la heroína del celuloide también.

Pues Ripley ha de superar sus miedos, incluso los de sus compañeros, para no dejarse llevar por la desesperación y salir airosa de la aventura.

Y como en la leyenda medieval protagonizada por un héroe masculino, el cual, una vez derrota al dragón, consigue aunarse con su parte opuesta, en la primera película de la saga [“Alien: el octavo pasajero” (1979) Ridley Scott], cuando Ripley por fin se deshace del monstruo, ya ha integrado su parte opuesta y masculina, su ánimus.

Sólo que en este ejemplo no aparece ninguna personificación de esa parte masculina, como sí pasa en el cuento de San Jorge. Pero lo vemos en la propia actitud de Ripley, sobre todo en las continuaciones de la saga, donde el personaje ha cambiado su forma de ser.

Porque recordemos que Ripley, en la primera película, comienza siendo mucho más débil de carácter y nadie le hace caso dentro de la tripulación de la nave Nostromo.

Ripley ha de sobreponerse a eso, superando su debilidad de carácter, sacando su parte dura, inherente a ella, su ánimus decidido y luchador, tomando las riendas de la situación hasta derrotar al peligroso alienígena.

Obviamente, la alegoría que hay tras “Alien” es la violación, incluso el propio ser recuerda a un falo. Quizá eso explica porqué la protagonista es mujer y ha de sacar su parte masculina para salir airosa de la terrorífica vivencia.

Pero sigamos con los paralelismos: el Alien, igual que muchos dragones legendarios, posee una sangre especial: ácido que corroe prácticamente cualquier material.

Y si en la primera entrega de la saga la motivación del monstruo para ser maligno es muy simple, básicamente la supervivencia y su propia naturaleza asesina, en la segunda parte se va un paso más allá y entonces sí que tiene una motivación, al menos en el enfrentamiento final (al cual alude el fotograma que hay unas líneas más arriba) que es contra la Reina Alien.

Este enfrentamiento final es como una combinación de la lucha entre Marduk y Tiamat, con la de Zeus contra Tifón.

Por un lado tenemos que la Reina Alien, igual que Tiamat, es un monstruo, pero ante todo es madre. Y busca vengarse porque Ripley y sus compañeros han ido matando a muchos de sus retoños xenomorfos (con motivos, porque esos retoños no buscaban jugar, precisamente).

Por otro lado tenemos que Ripley, como Zeus, ya es la líder (al menos en lo que respecta al tema de cómo enfrentarse a los aliens), y su cometido es no bajar la guardia y superarse una vez más, ante la nueva amenaza, ahora mayor en número y encabezada por un ser mucho más grande y peligroso que el que derrota en la primera cinta.

Y llegamos al final del análisis de este ejemplo más reciente.

Vayamos a las conclusiones:

Como vemos, el dragón, como monstruo, no ha conservado siempre el mismo aspecto. Ni tiene porqué conservarlo para seguir representando la misma lucha arquetípica.

El dragón bien puede ser un robot, un ser venido de las estrellas o incluso un simple rival humano que para ser derrotado requiere que el/la protagonista supere una serie de cuestiones personales, psicológicas y probablemente externas.

De la misma forma, el protagonista no tiene porqué estar hecho a partir del mismo patrón.

Tras milenios en los que el héroe había sido siempre masculino, llegó Ellen Ripley a demostrar que una mujer también podía enfrentarse contra un engendro demoníaco y salir triunfante.

El público lo aceptó e incluso lo aplaudió, porque fue un paso adelante.

Quizá era el momento, ya que Laurie Strode (Jamie Lee Curtis), protagonista de la cinta de terror “Halloween” (1978 – John Carpenter), se había adelantado a Ripley por muy poco.

Actualmente es mucho más fácil encontrar guerreras que luchan contra monstruos y villanos de toda índole, tanto en videojuegos (y sus adaptaciones a la gran pantalla) como “Resident Evil“, “Tomb Raider” o “Silent Hill“, y películas como “Terminator 2“, “Scream“, “Kill Bill” o “Underworld” por mencionar algunas.

Respecto a la doncella, puede seguir siendo raptada por cualquiera de esas caracterizaciones, o no aparecer encarnada en ningún personaje, aunque sí forme parte del simbolismo de la narración (como sucede con Ripley y su ánimus).

Y el mito seguirá funcionando igual, porque la mecánica seguirá siendo la misma, aunque cambiemos los símbolos e incluso el mensaje no sea exactamente el mismo.

Porque un mito explica muchas más cosas de las que se pueden apreciar a simple vista, y esa es la idea, ya que de esta forma, el mensaje llega directo al inconsciente.

De hecho, esa es, en última instancia, la finalidad del Arte: hablar con el mismo significado que los sueños, pero de manera que tenga una lógica y significado dados por el propio artista, para conectar con el público a un nivel más allá del superficial.

Obviamente, en las creaciones de fantasía y ciencia ficción es mucho más fácil usar un tipo de representaciones similares a las que aparecen en los mitos, pero cabe apuntar que los arquetipos, externamente hablando, son volubles.

Así pues, podemos adaptarlos estéticamente a géneros más realistas, cambiando la lucha física por una contienda verbal, legal, de poder empresarial, familiar, etc. y el dragón puede ser bien otro familiar que encarne al enemigo que posee ese poder y esas facetas negativas que el propio protagonista ha heredado o que ha de confrontar, y que si quiere prosperar ha de vencer por el medio escogido. O en lugar de un familiar puede ser un jefe, un amigo, o incluso él mismo si el conflicto lo retratamos a nivel psicológico (algo más factible en el mundo literario).

Se trata de que el mensaje que mandamos al público, llegue a su inconsciente de una forma u otra, independientemente del aspecto o envoltorio de la historia contada.

Y hasta aquí, la primera entrada sobre el arquetipo, la simbología y funciones de dragones y serpientes en la ficción.

Espero que os haya resultado interesante y, a ser posible, de utilidad.

Recordad que si tenéis alguna duda, sugerencia, o similar, podéis comentar en esta entrada misma,  o bien poneros en contacto conmigo a través del correo electrónico hidalga_erenas@hotmail.com o con un mensaje al grupo de facebook de Realidades AlterNarrativas.

Gracias por leerme.

Hidalga Erenas
hidalga_erenas@hotmail.com


Hidalga Erenas (1981) estudió dirección y guión audiovisual.

Actualmente, además de conducir el blog Realidades AlterNarrativas donde expone teoría sobre la creación de ficción, imparte cursos de literatura y guión en Barcelona y área metropolitana, compaginando todo ello con la escritura y otros proyectos artísticos.

Consulta las clases particulares de escritura (presenciales en Barcelona, España; Vía Skype para el resto del mundo -en castellano) en Superprof


 

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