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Para completar información sobre los diferentes roles de los personajes, recomiendo leer la entrada PROTAGONISTA, ANTAGONISTA Y ENEMIGO.


En esta entrada, voy a hablar sobre cómo desarrollar Antagonistas y Enemigos que estén a la altura del Protagonista de vuestra historia.

El primer paso es muy sencillo:

Escribid dichos personajes como si fueran el Protagonista.
Ya está. No tiene más.

Porque todos los personaje con peso han de tener un proceso de creación más o menos equitativo. 

Si nuestro Protagonista, en nuestra biblia (no confundir con dossier de venta) tiene una página de biografía, otra de motivaciones y deseos conscientes e inconscientes, otra con una detallada descripción física, otra con la explicación de su carácter, etc. entonces su rival (el Enemigo) o su competidor (el Antagonista) debería recibir la misma atención por nuestra parte y deberíamos detallarles todo eso también.

¿Es esto una norma? os preguntaréis. No, ni mucho menos.

Obviamente hay muchas excepciones en películas, novelas y demás, en las que el Antagonista o Enemigo está claramente menos desarrollado que su opuesto.

Como siempre, depende de nuestros gustos.

No es lo mismo crear una clásica película de acción de dos horas en las que el malo es una presencia indirecta a través de sicarios y que no aparece hasta el final, en un combate donde probablemente acaba siendo derrotado; que una saga de fantasía o ciencia-ficción que pretendemos prolongar durante 6 libros de varios cientos de páginas cada uno; por poner dos ejemplos.

Una cosa muy importante a tener en cuenta es que las fuerzas (directas o indirectas) del Protagonista, Antagonista y Enemigo han de ser equitativas, porque el poder de cada uno de los bandos se mide en comparación con sus opuestos. 

Superman no puede tener de enemigo supremo a un vulgar ratero, porque entre sus fuerzas habría un desequilibrio.

SUPERMAN

Si el rival directo de Superman fuera un mero navajero, la trama no llegaría a la tercera viñeta: con sus superpoderes, el hombre de acero aniquilaría al pobre villano en un abrir y cerrar de ojos.

Y, por lo mismo, el Enemigo principal, aunque ha de comenzar pareciendo más fuerte que el Protagonista, también ha de ser proporcionado, para que el Protagonista tenga como mínimo alguna posibilidad.

Una anotación:  las fuerzas de ambos bandos no las tiene por qué hacer cada personaje por sí solo, sino que depende de quiénes estén a su lado.

Así pues, podemos tener un Enemigo muy fuerte y un Protagonista que no esté a la altura (en cuanto a fuerzas). Entonces, como sucede en “Terminator 2“, protagonizada por John Connor, lo que tenemos que hacer es arropar al Protagonista con aliados (en este caso, co-protagonistas) que hagan que sus fuerzas se equilibren con las de su opuesto.

TERMINATOR

¿Os imagináis que John Connor en “Terminator 2” no hubiera contado con la ayuda del T-800 y de su madre? La película habría durado cinco minutos.

Lo mismo, si sucede al revés: Si tenemos un Protagonista muy poderoso y un Enemigo más débil, debemos acompañar a ese Enemigo de muchos y fuertes sicarios hasta que consigamos equilibrar la lucha de ambos bandos.

Una aclaración: cuando hablo de “fuerzas” no me refiero sólo a fuerzas físicas.

Se trata de la fuerza para conseguir el objetivo propio de cada personaje y/o impedir que su rival o competidor logren el suyo, sea en la forma que sea.

Quizá nuestra historia sea más psicológica. En ese caso, las fuerzas a equilibrar han de ser psicológicas.

Y si hablamos de una novela de fantasía épica, quizá las fuerzas a equilibrar sean las de la magia, el valor, la valentía, la moral… dependiendo de cada personaje y cada momento.

Pero no nos detengamos aquí.

Es cierto que nada de esto implica que los diferentes personajes con cierto peso deban tener la misma profundidad psicológica ni un trasfondo igual de trabajado.

Un Enemigo puede ser muy poderoso porque disponga de medios que el Protagonista no, y en cambio quizá no tenga un carácter complejo, porque en la trama sólo llegamos a saber que es alguien maliciosamente ambicioso.

Un consejo de oro en el Arte: Si nos funciona, sirve.

¿Y si hay una continuación? ¿Y si es una saga, serie o varias películas lo que tenemos delante nuestro, y queremos que vuelva a aparecer un Enemigo que ya ha aparecido, pero que no es complejo?

Bueno, siempre podemos darle profundidad a un personaje, ocupe el rol que ocupe, en retrospectiva. 

Imaginemos que hemos hecho una película de acción con un villano bidimensional y ahora tenemos que hacer una continuación en la que el Enemigo en cuestión vuelve a aparecer.

Tenemos dos opciones:

1 – Repetimos los pasos que siguió el Enemigo en la primera historia, lo cual puede hacer que la nueva película sea aburrida por predecible.

2 – Desarrollamos dicho Enemigo algo más en profundidad, pudiendo de esta manera mostrar cosas nuevas sobre él en la segunda parte.

Y esto me lleva a proponeros un ejercicio al respecto:

1 – Escoge un Enemigo o Antagonista de alguna historia que te guste, pero que no sea muy complejo. Puede ser un sicario si te es más fácil.

2 – Ahora crea una ficha detallada a partir de lo que conoces de ese personaje e invéntate lo que no conozcas: su pasado; sus motivaciones; sus traumas; etc. hasta que sea tan completo como cualquier protagonista.

Verás que gracias a este ejercicio, puedes escribir una secuela de la obra en cuestión con ese Enemigo nuevamente. Quizá incluso una secuela protagonizada por él.

De esta forma también aprendes a dar dimensión a personajes simples, lo cual te será útil a la hora de trabajar en tus propios personajes.

Pero sigamos:

Otro motivo por el cual el Enemigo quizá no sea profundo, es que se trate un monstruo.

Me remito nuevamente al ejemplo de Terminator: solamente es un cíborg programado para matar al héroe de la aventura.

Y nuevamente digo: Si para la historia os sirve, entonces ya está bien.

Aunque aquí entramos en un terreno que quisiera tratar en otro artículo:
Los monstruos
del cine, novela, cómic y demás también han de tener un trabajo detrás para que sean carismáticos y profundos, no a un nivel psicológico, sino a un nivel de personajes de ficción.
Pero esa… esa es otra historia… que ya contaré.

ALIEN

Aquí vemos al popular engendro Alien (también llamado Xenomorfo) de la franquicia homónima.

Los monstruos son un mundo aparte, y por eso los trataré en una entrada aparte.

A simple vista, el Alien es un personaje muy sencillo: un bicho que mata, porque está en su naturaleza.

Pero si nos fijamos, vemos que su elaboración es detallada:

Su sangre es ácido; tiene una doble y terrible boca; la cola es como una lanza; se reproduce parasitando; se camufla muy bien; tiene un sentido de la vista que hace que ocultarse de él no sirva de nada; es muy ágil y rápido, además de fuerte; posee una elevada inteligencia estratégica; tiene un complejo ciclo vital; etc.

Todas esas cosas han hecho de este personaje no humano un clásico, lo que demuestra que elaborar minuciosamente incluso a seres psicológicamente simples, tiene su recompensa.

También es conveniente que sepamos de nuestros personajes (sean humanos o no, villanos o héroes) más que el público.

Porque si lo que el público sabe de un personaje es lo que se ve y realmente es, dimensionalmente hablando, el personaje, entonces probablemente es de cartón piedra y nos puede limitar la trama.

Aunque como ya he comentado:
Si en la historia funciona, ya está bien.
Y si tenemos que escribir más historias con ese personaje, siempre podemos desarrollarlo más en profundidad posteriormente 
(después del primer borrador, del primer capítulo, de la primera película o cuando lo necesitemos).

Pero es bueno conocer bien a todos nuestros personajes con peso, ocupen un rol positivo o negativo, porque así conseguiremos escribir para ellos y sobre ellos sin desigualdades.

Importante: Hemos de querer a todos nuestros personajes principales, sean buenos o malos, rivales o competidores, humanos o no.

Si escribes sobre un personaje por el cual no sientes aprecio, no quedará sincero y será un cliché, una simplificación o caerás en el maniqueísmo.

Pregúntate por qué no te gusta un personaje y acepta que tiene que gustarte: Has de empatizar un mínimo con él, comprender sus motivaciones.

Si no logras esto, crea otro personaje con el que empatices y que pueda ocupar su rol en la trama.

Por último, un consejo antes de terminar:

Es bueno hacer un esquema de roles del Antagonista y del Enemigo desde su punto de vista, como si ellos fueran los protagonistas (de hecho, desde su perspectiva, lo son), para ponerse en su piel, saber por qué obran así y no de otra forma y poder entenderlos mejor y, si no lo has hecho ya, comprenderlos y quererlos lo suficiente como para escribir sobre ellos sin que haya falta de cariño.

Y hasta aquí esta entrada sobre cómo escribir Enemigos y Antagonistas.
Espero que os haya sido de utilidad.

Gracias por leerme.

Hidalga Erenas
hidalga_erenas@hotmail.com


Hidalga Erenas (1981) estudió dirección y guión audiovisual.

Actualmente, además de conducir el blog Realidades AlterNarrativas donde expone teoría sobre la creación de ficción, imparte cursos de literatura y guión en Barcelona y área metropolitana, compaginando todo ello con la escritura y otros proyectos artísticos.

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