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Coloquialmente se llama poni a aquel suceso de la infancia, preadolescencia o incluso adolescencia, que nos ha dejado un trauma.

Y se llama así porque viene de ese deseo que muchos niños (estadounidenses, diría yo) tienen de que sus padres les regalen un poni. Pero ese deseo jamás se materializa y el niño crece y recuerda amargamente esas Navidades, cumpleaños, o lo que sea, en que le prometieron un poni y sólo recibió el muñeco cutre de un caballito, o un jersey con potrillos estampados, o cualquier otra cosa que recordara a un poni, pero que no era un poni. O ni siquiera eso, simplemente no tuvo nunca un poni.

ME PROMETIERON PONIES POR LISA SIMPSON

Quien sea seguidor de “Los Simpsons”, al leer sobre el trauma del poni, habrá pensado automáticamente en Lisa. Es el ejemplo más obvio de poni en la ficción.

Pero el poni, como trauma, obviamente no tiene por qué ver con un poni.

Puede estar relacionado con cualquier deseo irrealizado o promesa incumplida, como puede ser llevarnos a Disneylandia, ir a vernos a la obra de teatro de la escuela, comprarnos una guitarra eléctrica, etc.

También puede ser más trágico y tener que ver con un choque extremo, como el divorcio de nuestros padres, el suicidio de uno de ellos, la muerte de un hermano, un accidente de coche…

O simplemente puede ser un momento puntual muy embarazoso, como que nos cayéramos al salir del autocar en aquella excursión y nadie nos ayudara a levantarnos, todos se rieran y hasta el profesor hiciera un chascarrillo sobre nuestra patosidad.

Concluyendo: un poni es cualquier momento puntual que ha marcado a una persona para mal y que ha afectado en cierta forma a su comportamiento.

Por ejemplo, al que padeció la caída al salir del autocar, probablemente, de mayor se agarrará bien fuerte a la barandilla antes de salir del autocar u otros sitios con escaleras estrechas, y quizá ni siquiera sepa que es por culpa de ese ridículo acontecimiento de su preadolescencia.

PONI TERRORÍFICO

Para este niño, su poni será terrorífico. No podrá ir a las carreras de caballos. Ni ver el padrino. Ni volverá a ir en coche con la ventanilla bajada. 😉

En otros casos, si el trauma es más extremo, sí se recordará el suceso con más asiduidad, y seguramente dominará gran parte de la vida y las acciones del individuo. Por ejemplo, con un suicidio en la familia, quizá el sujeto esté implicado en grupos sociales para ayudar a personas con depresión, o quizá tenga pesadillas recurrentes o incluso aún esté en terapia y/o medicación.

Hay que especificar que lo mucho o poco que marque un suceso es una cuestión subjetiva de la propia persona. Así pues, podemos crear un personaje que tenga un poni trágico al que quizá no le haya afectado tanto, y podemos crear otro personaje con un trauma más tonto, y que en cambio gran parte de su vida gire en torno a ello.

Como personas, tenemos varios ponis, más o menos relevantes, que nos han marcado de diferentes maneras y algunos de ellos ni los recordamos conscientemente.

Pero aquí nos vamos a centrar en la creación de personajes de ficción, y un personaje no necesita una gran cantidad de ponis: para una película, con uno puede ser suficiente; en una serie de televisión quizá con dos o tres ya esté bien. Obviamente depende de la extensión de la historia que queramos crear y de la profundidad que queramos darle a los personajes. Si queremos escribir una saga de 6 libros, quizá sí que nuestro protagonista vaya a necesitar 6 ponis de diferentes magnitudes. Aunque, a la hora de la verdad va a gustos, como prácticamente todo en el arte y en la vida.

El hecho de que un personaje sea consciente o no de un poni es decisión nuestra. Lo imprescindible es que nosotros sí conozcamos los ponis de los personajes al detalle, porque aunque no es necesario que esos ponis se revelen ni total ni parcialmente en la historia que queramos contar, hemos de saber el origen de los traumas de nuestros personajes para poder manejarlos mucho mejor. Así podremos darles matices más coherentes a nuestros personajes y, además, podremos crear mejores escenas en relación a las consecuencias de esos sucesos. Y si en algún momento de nuestra historia necesitamos explicar o revelar las causas del porqué un personaje tiene un rasgo característico, lo podremos hacer con facilidad y no habremos caído previamente en contradicciones que dificulten tal explicación, que es lo que puede suceder si simplemente le otorgamos un detalle extraño al carácter de un personaje y no sabemos de dónde le viene ni por qué.

Como es lógico, cuanto más peso tiene el personaje, más importante es el poni. Así pues, mientras que a los protagonistas, antagonistas y villanos es conveniente que tengan como mínimo un poni mínimamente relevante, a los secundarios no es necesario crearles este rasgo psicológico, aunque podemos hacerlo, si lo consideramos interesante para algún personaje puntual o, nuevamente, en función de la extensión de la historia a desarrollar.

La importancia de un poni para un personaje puede llegar a ser tal, que justifique toda su motivación y mueva su trama. Es el caso de algunos superhéroes, como BatmanSpiderman: debido a incidentes previos a la historia, deciden convertirse en justicieros, salvadores o protectores.

BATMAN Y SUS TRAUMAS

Aquí tenemos un claro ejemplo de poni que construye al personaje y hace que mueva la historia: siendo niño, Bruce Wayne presenció como un ratero asesinaba a sus padres. Eso le hizo convertirse en el justiciero nocturno Batman.

El poni también puede ser el trauma que el personaje ha de resolver para poder así concluir su propia historia. Puede que su aventura sea esa: darse cuenta que está atrapado por un suceso del pasado que le ha condicionado de tal forma que le ha convertido en algo que realmente no es. Y ha de recorrer su propio camino para ser consciente de ello y resolverlo. Una muestra de este tipo de poni la tenemos en “American History X”, en la que Derek –Edward Norton– tiene un padre racista que, además, fallece en un incendio (era bombero) supuestamente por culpa de un grupo de afroamericanos. Eso hace que Derek se convierta en líder de una banda neonazi. Pero él ha de resolver ese trauma para poder cerrar el círculo.

EDWARD NORTON EN "AMERICAN HISTORY X"

El personaje de Derek -interpretado por Edward Norton- en “American History X” es un ejemplo de poni que mueve la trama debido a que ha de resolverse.

Cabe señalar que el poni es útil en cualquier género.
Algunos ejemplos:

  • En terror puede explicar el comportamiento antisocial o demente del villano, dándole así humanidad, no haciendo que sea simplemente un malo maniqueísta de nacimiento, de cartón piedra.
  • En comedia, si los ponis son cosas que afectan a los personajes en el presente con comportamientos graciosos. Podemos hacer que cada vez que nuestro protagonista ve una paloma, echa a correr, porque en su infancia un grupo de palomas se cagó sobre él… Podríamos hacer que incluso si ve a alguien disfrazado de paloma tenga un ataque de ansiedad. Con eso, ya tenemos chiste para el capítulo de la fiesta de disfraces.
  • En un drama podría para explicar ciertos comportamientos entre personajes. ¿Por qué un personaje decide buscar el amor en personas que no le son adecuadas? Quizá por el amor de un padre o una madre perdidos, o por el cariño jamás recibido por parte del progenitor en cuestión. Y el personaje necesita ese tipo personas como sustitutivo. Y eso le hace caer en una espiral de desencuentros y dolor, de relaciones tóxicas que alimentarían el drama.
  • En una película de acción o suspense puede explicar por qué el protagonista es policía: quizá siendo niño entraron a su casa a robar y entonces decidió convertirse en agente de la ley y el orden; o detective privado: en la escuela alguien le robaba siempre el bocadillo, decidió investigar y dar con el ladronzuelo, ahí se dio cuenta que le apasionaba resolver misterios.

Por último, destacar que desarrollar el poni de un personaje es sencillo:

  • Podéis sacar primero las rarezas del carácter, fobias o comportamientos peculiares, y luego explicarlos inventándoos el poni.
  • O quizá primero os viene el suceso traumático de la infancia y a partir de ahí desarrolláis los efectos que ha tenido en el personaje.
  • El orden no altera el producto. De hecho, puede ser recíproco: quizá primero creamos uno, luego lo otro, y volvemos al primero para concretar ciertas cosas. Así hasta tener un poni detallado que defina una serie de rasgos y comportamientos en el carácter de nuestro personaje que lo hagan único.

UN PONI POR LISA

¿Os vienen a la cabeza más personajes famosos de ficción que estén marcados por su poni? ¿O ejemplos para otros géneros de ficción? ¿Sabéis de personajes reales que hayan sido motivados por sus ponis?

A mí me viene a la cabeza Adolf Hitler, que tras ser rechazado como pintor en reiteradas ocasiones, vivió en la pobreza. Y no sólo eso, también tuvo un padre maltratador. En realidad, si Hitler hubiera sido un personaje de ficción, veríamos que tenía unos ponis muy marcados que le condujeron a ser lo que fue (lo que no le justifica, pues otra persona en la misma situación no hubiera llegado a ser tan monstruoso como él, ya que como he dicho antes: la marca que deja un poni es subjetiva).

Espero que esta entrada no os haya creado ningún trauma, sino que os haya sido de utilidad. 😉

Gracias por leerme.

Hidalga Erenas
hidalga_erenas@hotmail.com


Hidalga Erenas (1981) estudió dirección y guión audiovisual.

Actualmente, además de conducir el blog Realidades AlterNarrativas donde expone teoría sobre la creación de ficción, imparte cursos de literatura y guión en Barcelona y área metropolitana, compaginando todo ello con la escritura y otros proyectos artísticos.

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